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El judici de Déu.

Imatge
La ordalía o juicio de Dios era un método de administrar justicia (es un decir) propio de la Europa medieval, según el cual era el acusado quien tenía que demostrar su inocencia ante una acusación. Brujas, herejes, negros, judíos y demás perseguidos, oprimidos y esclavizados padecieron esta forma de humillación y castigo hasta tiempos muy recientes. La mecánica era muy sencilla y el acusado no tenía que demostrar su inocencia mediante pruebas, coartadas, testimonios ni documentos: le bastaba con sobrevivir al tormento. Si después de unas sesiones de tortura, seguía entero, Dios había dictaminado que no era culpable. El tal Dios, por desgracia, no se prodigaba en absoluciones: el acusado era condenado en el momento mismo de la acusación, y los latigazos, el potro o la hoguera eran en realidad su pena.
Sergio del Molino, Inquisición 2.0, El País 17/02/2018
https://elpais.com/cultura/2018/02/16/actualidad/1518802151_381574.html?id_externo_rsoc=TW_CC

Intuïcions morals.

Imatge
... aunque tuviéramos información completa sobre los pormenores de un crimen, no por ello estaríamos en condiciones de responder a la pregunta de si el criminal merece o no pagar por sus actos con su propio sufrimiento. Esta pregunta se refiere a una verdad no empírica; una verdad que es, por lo demás, difícil de descubrir, debido, entre otras cosas, al carácter pasional de las emociones que involucra.
El hecho de que no podamos ayudarnos de la observación directa ni de las ciencias empíricas para resolver cuestiones normativas como esta nos indica que lo que estamos buscando son verdades necesarias. En este aspecto, las verdades normativas no son diferentes de las que encontramos en las matemáticas. Por ejemplo, si discriminar arbitrariamente a las personas es injusto, entonces lo es independientemente de cómo sea el mundo y, más en concreto, de cómo se comporte de hecho la gente. Es injusto, por así decirlo, en todos los mundos posibles. (...)
La intuición intelectual es, en última in…

El sentido del humor.

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El mundo aprecia el humor, pero lo trata con condescendencia. Condecora a sus artistas serios con laureles y a sus bromistas con coles de Bruselas. Siente que si algo es gracioso ha de ser menos que grandioso, porque si fuera realmente grandioso sería totalmente serio. Los escritores lo saben, y los que se toman su personalidad literaria muy en serio hacen esfuerzos denodados para no asociar su nombre a nada gracioso o frívolo o absurdo o “ligero”. Sospechan que su reputación se resentiría, y tienen razón. Muchos poetas contemporáneos firman con su verdadero nombre sus versos serios y con un seudónimo sus versos cómicos, pues desean que el público solo los sorprenda en momentos graves y reflexivos. Se trata de una sabia precaución. (A menudo, también se trata de un mal poeta).
E.B. White, Ensayos: Algunas observaciones sobre el humor, fronterad 16/02/2018 http://www.fronterad.com/?q=16818

Fabricar ments.

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... el problema de la Inteligencia Artificial no es fabricar agentes inteligentes (lo cual ya lo hace con mucho éxito en algunos casos), sino agentes conscientes o sintientes. La AI ya ha fabricado inteligencia, lo que hace falta es que fabrique mentes.
Santiago Sánchez-Migallón Jiménez, Saliendo de la habitación china, La máquina de von Neumann 15/02/2018
https://vonneumannmachine.wordpress.com/2018/02/15/saliendo-de-la-habitacion-china/

La realitat de les raons objectives de l'ètica (Derek Parfit).

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Si nos mantenemos fieles a la metafísica naturalista, aquella que afirma que en el mundo sólo existen el tipo de cosas que estudia la ciencia y que están en el espacio y el tiempo, entonces nuestra defensa de que existen obligaciones normativas objetivas se encuentra con serias dificultades y parecemos abocados a defender alguna versión de la teoría subjetivista. Ya hemos visto adónde conduce este camino. En cambio, si optamos por defender la existencia de razones normativas en sentido fuerte, todo apunta a que no tendremos más remedio que concebirlas como un tipo de entidades que no son naturales, adoptando así una extravagante metafísica platónica. Parfit, que quiere defender a ultranza la objetividad de las razones, acepta que esa defensa le fuerza a abandonar el naturalismo estricto. Sin embargo, esta concesión no comporta, según él, y en contra de lo que suele darse por supuesto, la obligación de postular la existencia de extrañas entidades no-naturales. Parfit insiste una y otra…

Creativitat i neoliberalisme (Alberto Santamaría).

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El neoliberalismo (como el liberalismo del XVIII tipo Hume o Adam Smith) ha sabido que buena parte del presente se juega a nivel sentimental, y que en la modulación del lenguaje y de los sentimientos es posible producir narraciones efectivas y edificantes. 
Si nos fijamos bien, el arte abstracto se ha convertido en una especie de bálsamo que sirve para otorgar dinamismo y espontaneidad a quien lo muestra. Pero, como decía Ezra Pound, “cualquier idiota puede ser espontáneo”.
En cualquier caso, si uno entra en las webs de los bancos y sus fundaciones se sorprenderá de la cantidad de veces que aparecen palabras como “emociones”, “creatividad”, “sensibilidad”, etcétera. En España el caso de Juan March es llamativo. El hecho de que uno de los mayores asesinos y financiadores de la Guerra Civil pase a la posteridad como el gran filántropo del arte y de la sensibilidad es bastante curioso. Pero no verás a ningún artista cuestionando la figura de Juan March. Lo mismo sucede con Botín, otro gran…

Etiquetes i poder.

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Marina Garcés: Nos damos prisa por etiquetar, por colgar siglas y banderas a todo el mundo. Mi pensamiento es saboteador de códigos. Cualquier etiqueta, como cualquier intento de codificarnos, me molesta, porque es un ejercicio de poder. Pero eso forma parte de las consecuencias que tiene hacer una filosofía que no se resguarda en las zonas de confort. La clave es confiar en que podemos seguir saboteando cualquier etiqueta.Matías Niépolo, Marina Garcés, la filósofa insumisa, mundo.es 15/02/2018http://www.elmundo.es/cataluna/2018/02/15/5a85d83b268e3eb5778b4615.html